INTRODUCCIÓN
POR: ANDRÉS BRAVO OCHOA
POR: ANDRÉS BRAVO OCHOA
El Internet, sin
duda, es un potente medio de comunicación
y de intercambio de información, así como el principal propulsor de la
modernidad y de la globalización que el mundo goza en la actualidad. Sin
embargo, todos estos beneficios tienen su contraparte en el gran aumento de
violaciones a los derechos de autor por
medio de la piratería que comenzaron a
experimentar las industrias culturales
(cinematográfica, discográfica, etc) a
través del intercambio ilegal o no autorizado de archivos digitales y al
desarrollo de nuevas y mejores formas de reproducción física de estos
productos. De todas las industrias culturales, la música y el cine han sido las
más perjudicadas ya que han generado mayores pérdidas debido a su tamaño y
orientación masiva
En los últimos
años se ha planteado una fuerte
legislación antipiratería en los países desarrollados como EEUU, Canadá
y la Unión Europea, pese a ello las descargas de música por Internet es una
práctica que se encuentra en constante crecimiento, ya que representa un 43% de
los usuarios de Internet, con un
crecimiento de aproximadamente un punto porcentual por año. Es decir, la piratería de música se está
convirtiendo en una práctica común y socialmente aceptada entre los usuarios de
Internet, pese a estar fuera de la ley y a sabiendas, o sospechando, que se
infringen los derechos de autor. Algunas de las excusas que se suelen utilizar
para justificar dicho acto son la generalización de esta práctica o la
inaccesibilidad económica a la música legal.
Es por todo lo
dicho anteriormente que en la medida que la descarga de música por Internet es
ilegal, la decisión de descargarse música ilegalmente de Internet plantea al
consumidor un dilema ético que afecta a la toma de decisiones. Esto debido a que la descarga de música
pirata implica un comportamiento cuestionable, la decisión de descarga dependerá de la ética del consumidor, sobre lo que considerará
apropiado de dicho comportamiento. Es por ello
que el presente blog tiene como objetivo estudiar las actitudes de los
consumidores hacia la piratería y analizar las percepciones morales/éticas de
este comportamiento.
ANTECEDENTES
El inicio de la
piratería musical en Internet como tal, de manera masiva, se podría remontar a
fines de la década de los noventa y
comienzos del dos mil con la creación del formato MP3. El MP3 produjo una integración real y
definitiva entre la industria discográfica y la industria informática. Esta
integración se consolidó con la masificación de la banda ancha y la aparición
de la Web 2.0. Fue en este momento
cuando se dio un gran vuelco en la industria discográfica y los archivos de
música comenzaron a circular en Internet en una escala nunca antes vista,
estando al alcance de las grandes masas. Muchos internautas del mundo entero
comenzaron a publicar, descargar e intercambiar entre sí archivos musicales a
través de herramientas que ayudaron a su
divulgación desde las tecnologías streaming como el Youtube y MySpace,
operadores de descarga como Ares, Kaaza, eMule, LimeWare y Megaupload, y
buscadores como RedFerret.
En el año 2009
se dio el pico más alto de esta práctica entre los usuarios a nivel mundial,
convirtiéndose en un problema real para la industria discográfica, afectando la
producción, el consumo y la distribución de productos musicales. Las cifras fueron aplastantes, mientras que en el 2006 el mercado de la
música en línea representó un importante 10% del total de mercado de música
grabada, en el 2009 alcanzo la sorprendente cifra del 45%. Además, a la actualidad, el número de obras
musicales disponibles en línea asciende a cuatro millones y las descargas se
han incrementado en un 89% aproximadamente hasta alcanzar la cifra de 795
millones.
En la
actualidad, los países desarrollados, precisamente a los que la piratería ha
golpeado más su industria musical, han implementado una legislación severa
orientada a detener dicho problema (Ley SOPA) , el primer objetivo fue el
cierre de Megaupload, uno de los más grandes servidores de descarga gratuita.
Además, la piratería en algunos países
que ya tiene un alcance económico. En EEUU, por ejemplo, las violaciones
de los derechos de autor en Internet cuestan unos 100 000 empleos y millones de
pérdidas al año. Sin embargo, dicha
legislación no ha logrado disminuir en lo más mínimo las descargas libres de
música por Internet, ni amedrentar a los usuarios a que paren de realizar estas
prácticas, incrementándose cada día con mayor intensidad.
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